jueves, 17 de septiembre de 2020

El pájaro carpintero

 Como un pájaro carpintero picoteando el tronco del árbol más bonito del bosque, yo fui descubriendo tu corazón. Como las diferentes capas de madera que se va encontrando el ave en el proceso de convertir la simple corteza del árbol en una casa donde poder dormir y esconderse en los días de frío y lluvia, o en las noches tenebrosas, fui averiguando los diferentes sentimientos y emociones que se encontraban a medida que iba profundizando. Me gustaban todas las expresiones de humanidad que iban apareciendo. Una detrás de otra. Alegría, amabilidad, empatía y luego rabia, dolor y envidia. Todo formaba parte de tí, y así es coomo decidí acceptarte. Con todas tus imperfecciones. De igual forma que el pájaro carpintero sabe que hay otros árboles bonitos y más grandes, pero la energia que le ha transmitido el árbol escogido es especial. Como una conexión entre seres vivos, la naturaleza y la belleza del mundo, los dos se complementan. ¿Nunca os habéis preguntado lo sólo que estaría este árbol sin la preséncia del pájaro? Sería como si le quitaran una parte de él. Quizás se podría equiparar a perder todas sus hojas. Aunque los dos son conscientes de que no siempre pueden estar juntos. A veces es necesario que cada uno siga su própio camino para crecer. No significa que se olviden del otro, eternamente. Solo que de vez en cuando cada uno necesita resolver sus asuntos. El pájaro por ejemplo tiene sus crías que alimentar, y cuando crecen les tiene que enseñar a volar, y muy a su pesar, cuando llega el invierno de verdad, emigra a tierras más cálidas. Aunque en verano va a volver siempre bajo el cobijo de su árbol favorito, y van a intercambiar historias. El árbol por su parte, tiene reuniones importantes con sus hermanos y familiares. De vez en cuando tienen que planear como ahuyentar a los humanos que desean cortarlos para levantar sus construcciones o extender sus campos encima suyo. Se antoja una tarea complicada, pero la fuerza de la naturaleza tiene un poder especial si se usa para un buen fin. 

Con esta curiosa comparación, logré entender un día lo que significaba el amor de verdad. Porque aunque nos digan que los humanos somos más inteligentes que los animales, ellos tienen un instinto privilegiado muy superior al nuestro. 

Este mundo es como un puzzle perfecto, de infinitas piezas. Tal vez sea poco probable completar el rompecabezas y juntarlas todas. Pero observando cada detalle, se van colocando a su sitio. 

De modo que en un determinado momento, dejé de picotear en tu corazón, porque me di cuenta que un par de alas preciosas me salieron de la espalda, y antes de seguir profundizando eché a volar. A planear sobre el mundo, para observar el bosque de humanos que me rodeaba. Me gustaba ver cosas de tí en las otras personas, pero también encontraba cosas de mí, cuando las miraba fijamente a los ojos. Como si todos fuéramos hermanos. A medida que iba descubriendo esto, más me gustabas, y más me gustaba a mí mismo también. Supongo que al pájaro le pasaba lo mismo, cuando más se acercaba al continente africano e iba encontrando otros árboles por el camino. 

Ahora en la distáncia, ya se acerca el verano y estás tumbada sobre una verde pradera, el color de los árboles, destaca bajo el maravilloso cielo azul. Se escuchan los cánticos de los pájaros a la lejanía, y tu esperas imapciente su llegada, bajo nuestro roble favorito con la pequeña casa del pájaro carpintero en la parte superior del tronco. Allí escondimos nuestros recuerdos, que ya despiertan después de un largo proceso de hibernación.

martes, 28 de julio de 2020

El mundo inventado

Existe un barrio a las afueras de esta macro ciudad, donde la vida parece funcionar de forma distinta. Todo contrasta con los lujos y privilegios de la parte alta de la urbe. Allí ocurren todas las atrocidades que te puedas imaginar. La pobreza y la violencia se imponen sin piedad por cada una de sus calles. Es uno de estos lugares, que todos los guías turísticos recomiendan evitar a todos los visitantes. 

Justo hoy hace diez años que Peter, nació en uno de los cuchitriles más desvencijados del barrio. Su padre había sido víctima de un tiroteo relacionado con el narcotráfico. Aunque nunca salió en las notícias ni en los periódicos, porque la clase media-alta de la ciudad, están demasiado ocupados con sus fabulosas vidas, y sus negocios. Y tal como resaltan siempre los políticos, es muy importante que en el exterior sepan que en nuestra ciudad, todo funciona con una perfección matemática. Como un engranaje perfectamente engrasado. Los ciudadanos tienen que creer, que vivimos en un sitio seguro, donde la gente es feliz. Así podremos atraer turistas, y nuevas empresas, para enriquecernos, y prosperar. Esto es lo que se empeñan a vender. Aunque sea una farsa.   

Su madre era una prostituta, y trabajaba la mayoría de noches, para satisfacer sus necesidades diarias. Peter pasaba muchas noches solo, envuelto en la oscuridad, y escuchando tiroteos y gritos en la calle cada día. Pero no tenía miedo, porque Peter tenía una mente privilegiada. No era como el resto de los humanos. Desde que tuvo noción de la conciencia, entendió que nadie más que él podría ayudarlo a sobrevivir en aquel entorno infame. 

Su cerebro desarrolló un sofisticado mecanismo, para reinventar la realidad. Todo lo que encontraba o ocurría a su alrededor que no lo gustaba, lo modificaba por algo que se adaptara mejor a sus necesidades emocionales. 

Cada noche cuando su madre se iba a trabajar, y los tacones que llevaba resonaban por toda la habitación, antes de que cerrara la puerta con llave, y apagara la luz, para dejarlo en la completa oscuridad, Peter activaba su cerebro, e imaginaba que estaba en una preciosa casa con unos padres normales, que lo querían de verdad y tenía un hermano mayor y una hermana menor que jugaban con él, y le enseñaban. Juntos se tumbaban en el balcón y miraban las estrellas. Él les preguntaba, y su hermano les explicaba historias sobre el universo y las constelaciones. Y Peter escuchaba con suma atención. 

Cuando miraba la habitación donde estaba tumbado no veía las cuatro paredes desgastadas, ni un espacio de dos metros cuadrados, sino un hermoso dormitorio pintado de azul marino (su color favorito), y con retratos de él con su familia imaginaria a sitios maravillosos, y no podía evitar sonreír. Era feliz con aquella realidad que le estaba ofreciendo su cerebro. 

Aquella noche mientras estaba admirado con su fabulosa habitación, tuvo lugar un tiroteo frente a su casa, que fue oscureciendo y nublando todas las maravillosas imágenes que su cerebro estaba produciendo. Su mecanismo de reinventar la realidad empezó a flaquear, y su corazón empezó a latir violentamente, como el tempo de una canción que va incrementando en los últimos compases. Y sintió ganas de llorar. Ante el defecto de su mecanismo contra este tipo de situaciones se sintió desamparado. 

Cuando estaba a punto de perder la compostura y esconderse debajo de la cama, presa del miedo, ocurrió algo que le hizo dudar de cuál era la realidad en la que vivía. 

Desde la ventana de la casa vecina, se escuchó un violín. Alguien tocaba una preciosa canción, que silenció los disparos (al menos en su mente), y hizo que Peter se sumergiera en la melodía, y se olvidara de todo. 

En aquel momento entró su madre preocupada. 

  • Peter. ¿Estás bien? - Le preguntó alarmada, mientras lo abrazaba. 

Pero él solo podía sentir la música. Aquella melodía le transportaba tan lejos de allí, que tomó la mano de su madre, y empezó a bailar con ella. 

Estaba tan sorprendida con la reacción de su hijo que al principio titubeó, pero Peter le rogó que no se detuviera. Y aunque ella siguió un poco confusa, bailaron como dos enamorados hasta que la melodía del violín terminó.

Su madre estaba atónita. Pero Peter quería mostrarle algo más aún. Le pidió que lo acompañara, y salieron al exterior. Su madre no quería salir. Decía que era muy peligroso, que hacía escasos segundos que habían cesado los disparos, pero Peter estaba tan decidido que fue incapaz de detenerlo. Cuando pasaron la puerta y bajaron los dos peldaños que llevaban a la calle, su madre no se lo podía creer. Aquel siniestro barrio había desaparecido, y enfrente se encontraban con un espléndido jardín y una casa radiante. 

Peter miró a su madre, con una sonrisa picaresca, y le dijo: 

  • Bienvenida a mi mundo mamá.

miércoles, 17 de junio de 2020

Olor a humanidad

El pastelero se levantó a las 4:30 como todos los días. Llevaba una vida rutinaria y mecánica, como el movimiento de las agujas del reloj. Escrupulosamente ordenada, hasta tal punto que casi le aborrecía. 

Era el cumpleaños de su esposa, y quería prepararle su pastel favorito. 

Lo primero que hacía, sin excepción al levantarse, era abrir la ventana unos pocos centímetros, acercar su nariz al exterior, y dejar que el viento le llevara los diferentes aromas que se mezclaban en el entorno. 

Ese procedimiento era mejor que leer el periódico. El olor de los seres vivos nunca mentía. Podía distinguir si los árboles estaban molestos o si los pájaros se sentían nerviosos. Incluso percibía el miedo o la felicidad de algunos humanos por medio de su olfato privilegiado. Conocía el mundo a través de los rincones más recónditos de su nariz. 

Pero aquel día, al abrir la ventana, se dió cuenta que algo no iba como debía. Afinó su olfato, pero fue incapaz de percibir nada.

Qué extraño, pensó. ¿Habría perdido su sentido más preciado, el que había heredado de su abuelo? O quizás se había parado el mundo, como un reloj al que se le acaba la cuerda. 

Bajó las escaleras con cuidado, se puso el chaquetón, y salió al exterior, hacía un frío terrible, incluso los árboles de su jardín tiritaban y el aire que se percibía era tenso.  

Cómo era habitual a aquellas horas de la madrugada nadie corría por la calle. 

Andaba sin rumbo, a donde le llevara su instinto. A cierta edad se vuelve infalible, y más aún en las situaciones complicadas. 

Todavía era incapaz de percibir los olores, ni tampoco se escuchaban los cánticos matutinos de los pájaros al despertar. Se había extinguido cualquier señal de vida, como si un huracán se los hubiera llevado a algún lugar remoto. 

Se detuvo delante de la estación de correos, de repente advirtió un olor muy leve, que procedía de algún lugar lejano. Su nariz se tornó puntiaguda, como un cuchillo recién afilado, y avanzó mecánicamente hacia el origen del aroma. Tenía la sensación que su cuerpo se movía solo, como si fuera una marioneta, alguien le estaba dando órdenes a sus piernas de avanzar en esta dirección. 

Si su orientación no le engañaba, se estaba dirigiendo al bosque donde él y su mujer habían pasado tantas tardes. Allí había descubierto muchos olores, era un placer para la nariz sentirse cobijado unos minutos por aquellos árboles, y disfrutar de la fauna. 

El aroma era cada vez más fuerte. Olía a tristeza y melancolía. Sus piernas pesaban cada vez más, a medida que se iba acercando al origen. 

Se detuvo delante una fábrica recién construida, con sus chimeneas, expulsando humo como locomotoras de tren. El hedor era muy fuerte.  -¿Dónde estaba el bosque?- Se preguntó. Afinó su nariz un poco más y lo comprendió todo. Lo habían talado, para construir aquel edificio. 

Alrededor quedaban los restos de algunos árboles, y algún pájaro que planeaba bajo lamentando la pérdida de sus compañeros más preciados. 

Una sensación de terror e impotencia le invadió. 

Los humanos somos unos egoístas. No entendemos nada de este mundo, ni tenemos respeto por la naturaleza. 

Quería irse, no le apetecía seguir contemplando aquel desastre, pero notó una fuerza desconocida que le retenía. El olor más bueno que había sentido jamás, se colaba entre la melancolía y tristeza del entorno, como el primer rayo de Sol, al entrar por la ventana de una habitación. 

Se dirigió hacia allí, con pasos firmes y precisos. 

Un álamo pequeño se erguía detrás de la fábrica. No lo habían cortado. Era demasiado joven aún. Desprendía un profundo olor a vitalidad, bondad y amor. 

El pastelero se acercó, frotó una de las hojas con delicadeza, sacó su pequeño frasco del bolsillo, metió una pequeña muestra de aquel aroma, y volvió a casa. Se había inspirado en una nueva receta. 

Empezó a trabajar en el pastel de cumpleaños. Utilizó todos los ingredientes que tanto le gustaban a su esposa, y cuando terminó, sacó el frasco, y derramó un par de gotas del aroma extraído del álamo. 

Desde la muerte de su mujer, en su cumpleaños se sentaba en la mesa, visualizaba su rostro y su sonrisa. Ponía dos platos, cortaba un par de pedazos, y degustaba el pastel en solitario. 

Este año, fue diferente, las gotas de perfume que le había puesto, le daban una vitalidad especial.  

A partir de ahora, le pondría un par de gotas a cada uno de sus pasteles, para que todos sus clientes se impregnaran de ese olor tan maravilloso.

No podría cambiar el mundo entero, pero al menos podría cambiar su pequeño mundo interior. 


martes, 9 de junio de 2020

La vela y el mar oscuro

La cándida luz de una vela en sus últimos compases, se apodera de la habitación. Cómo un último suspiro, reclama su lugar entre esta oscuridad, formada por distintas capas de negro. Se adentra entre ellas como el aguijón de una avispa penetrando a la piel, y poco a poco expande su tenue luz, tratando de convivir con los tonos oscuros que gobiernan el espacio. 

Desde mi rincón observo la belleza de la escena. Es un baile entre los sentidos opuestos, una lucha entre el más fuerte y el más débil. ¿Podrá la perseverancia y la determinación vencer el miedo y las dudas? - Me pregunto, mientras le pido a mi alma que salga de su escondite debajo de la cama. 

Fijo mi mirada en la llama, como un arquero apuntando a su objetivo. Trato de no desviarla en ningún momento, quiero transferirle toda mi energía. Los tonos negros empiezan a teñirse ligeramente de gris, y las capas más suaves de oscuridad incluso parece que empiezan a evolucionar hacia azul marino. Imagino que la habitación es un infinito océano, y yo estoy en la cubierta de mi velero, observando el amanecer. 

Incluso me parece como si soplara la brisa marina, y me invade esta sensación de libertad, que provoca el rugido de las olas. 

Mi alma, quiere decirme algo. Escucho un leve susurro, pero no llego a comprender su mensaje. Mantengo mi atención en los últimos latidos de luz. Quiero ayudarla, a sobreponerse a la tiranía de la oscuridad, pero algunas capas son tan profundas que aunque lo intenta con todas su fuerzas le resulta imposible penetrar en ellas, y se apaga.  

Nos quedamos prácticamente a oscuras, y escucho mi alma sollozar. Siempre le ha aterrado enfrentarse a este tipo de adversidades. Mi corazón late con fuerza. ¿Estamos solos? 

De forma instintiva cierro los ojos con suavidad, y estudio el espacio que me rodea. Quiero comprender mis sentimientos.  

Mi mente pasea por los diferentes niveles de oscuridad, y busca un lugar donde sentarse y reposar. Después de estudiar cada rincón a la perfección se decide por la capa más oscura, donde gobierna el negro más profundo de todos. Se sienta allí y observa, hasta que pequeños destellos de luz empiezan a aparecer alrededor. Estos se convierten en estrellas. 

Mi alma se remueve bajo la cama, y saca su mano. Tiene el puño cerrado, parece que esconde algo. 

-Canta la canción que cantabas en la playa cuando todo el mundo dormía. - Me pide. 

Abro mis ojos, y con una breve sonrisa, trato de recordar la letra y la melodía. Empiezo a cantarla a un volumen casi imperceptible y la música me va transportando a un hogar y un tiempo lejanos. 

-Canta más fuerte. Tienes que despertarlos a todos. Que se unan a ti. Cómo si fuera un coro celestial. - Dice ella emocionada. 

Yo voy subiendo el volumen progresivamente, hasta que alcanzo el cénit. Un estado de máxima motivación. Escucho como mi alma me acompaña con su voz de soprano. Solo se limita a hacer un coro sencillo, aunque la emoción que le pone es tremenda. Presiento que la luz de las estrellas se intensifica, y también se unen al coro. La cantamos como si fuera nuestro himno. En las últimas notas dejo a mi alma sola. Le gustaba terminar la canción en solitario. Le ponía unos adornos increíbles. Y esta vez tampoco es menos.   

Al acabar, sale lentamente de debajo de la cama, me mira a los ojos, se va acercando, y cuando escucho su aliento frente a mí nariz, me pide que abra los ojos, muestra lo que guarda en el puño, y una luna llena sale, y se eleva hasta el centro de la habitación. Todo el entorno se transforma, en un paisaje marítimo. Estoy encima de mi velero, a lo lejos se divisan, las luces del pueblo pesquero y el puerto, en una noche de luna llena. Siento la brisa marina en mis mejillas. No estoy soñando. El mar ha vuelto a vencer la oscuridad. 


viernes, 23 de noviembre de 2018

La canción más bonita del mundo

Hoy me levanté tan inspirado, que decidí subir a lo más alto de la ciudad, a La Colina del Viento, desde donde nada pasa desapercibido. Allí se escuchan todos los sonidos, y se descubren los secretos más recónditos. La multitud se mueve en cámara lenta, al ritmo del viento.

Cierro los ojos, y me abandono a mis emociones. Dejo que salgan. Tristeza, dolor, las dudas, frustración… se van sin hacer ruido. Cada una de ellas vuela hacia lo más alto,  hasta chocar con las últimas estrellas que todavía quedan en el cielo, provocando una pequeña explosión que se mezcla con los primeros compases del día.

Alguien se acerca y se sienta a mi lado, rompiendo la armonía del momento. Abro los ojos sobresaltado, e inspecciono el entorno. Una pequeña sombra se ha puesto a mi lado. Está inmóvil. Yo me levanto angustiado con intención de alejarme, pero ella me sigue.

La miro fijamente, le grito que se vaya y que me deje en paz. Pero hace caso omiso a mis palabras. Parece decidida a acompañarme hasta el fin del mundo.

¡Maldita sea!, ¿Por qué tenía que aparecer justo hoy, que estoy tan inspirado? No consigo quitarmela de encima, de modo que vuelvo a sentarme en el acantilado. Ella se sienta junto a mí. Respiro hondo, y me imita. Luego cierro los ojos, con la esperanza que cuando vuelva a abrirlos, haya desaparecido.

El viento sopla con suavidad cerca de mí, y trato que el resto de emociones negativas se consuman junto con los últimos alientos de la noche.

No obstante, el sonido de su respiración desbocada me distrae. - ¿Qué le pasará? ¿Estará nerviosa? -

Voy analizando los sentimientos que aún merodean por mi interior. Tengo una sensación extraña, como si faltara una parte de mí.

Abro los ojos, y la veo más cerca de mí. Tiembla. Está asustada. Sabe que me quiero desprender de ella.

Después lo entiendo todo. Ella es mi soledad, y forma parte de mí. Juntos hemos recorrido muchos caminos, nos queremos a nuestra manera sin embargo nos respetamos, y los dos sabemos que sin el otro, no podemos llegar a nuestro estado de máxima plenitud. Se ha enterado que me quería librar de ella sin avisarle, y ahora está molesta y asustada. ¿A dónde iría?

Por poco me olvido de todas las canciones que escribimos, de los libros que leímos, y de las noches en que disfrutamos juntos descubriendo nuevos estilos de música. Se ha convertido en una de mis mejores amigas.

Me la miro fijamente, le pido disculpas de corazón, y le ruego que vuelva a entrar. Me mira incrédula, no me cree. Piensa que se la estoy jugando. La convenzo, explicándole que tengo una idea, para una nueva canción que romperá todas las listas de éxito internacionales, pero que la necesito junto a mí para escribirla. Le tiendo la mano, cierro los ojos y siento como vuelve a entrar por mi nariz.

No queda rastro de la noche, el Sol brilla con fuerza sobre mí.

Ahora que me he reconciliado con mis emociones, es hora de volver a casa, y escribir la canción más bonita del mundo.  


miércoles, 7 de marzo de 2018

Una Rosa azul

Raras veces me acuerdo de mis sueños, pero cuando lo hago, me sorprende el alcance de mi mente.

Hoy te escuché llegando de puntillas a la habitación. Pero fingí que dormía profundamente. Aún conservo mis dotes de buen actor, de mi etapa en el grupo de teatro del instituto.

Quería escuchar la lluvia caer sobre nuestro tejado, e imaginarme como la luna sonreía desde muy arriba, saboreando una de esas noches ideales para los nostálgicos.

Echaba de menos la adrenalina de una vida sin planificar, de pasear por lugares desconocidos y las ganas de conocer todas las personas que tenía alrededor.

El olor de tu perfume me distrajo por unos segundos. Esta fragancia es una de mis mayores debilidades. Por esto te la pones únicamente los días que estoy ausente, como hoy. Para hacerme bajar de las nubes y captar de nuevo toda mi atención. Hice un gran esfuerzo por seguir en mi estado de hibernación. No puedo soportar que me interrumpan cuando estoy tan cerca del cenit. Me pongo de muy mal humor, y al día siguiente estoy inaguantable.

Seguí con mis profundas meditaciones hasta que me dormí.  

Seguidamente empezaron los sueños. Que llegaron como suaves olas aproximándose a una playa desierta.

Yo estaba tumbado en la arena con los ojos cerrados, y la brisa marina purificó mi cuerpo de toda la rutina de la ciudad y olvidó por unos minutos algunos de mis peores hábitos.

Mi imaginación se agudizó junto con mis sentidos, y por unos momentos, dudé estar soñando. Volví a sentir el olor de tu perfume, pero esta vez no noté tu presencia. No había nadie a mi alrededor. Sólo una cruz dibujada en la arena, al lado de donde yo estaba tumbado. Me guié por mi instinto, y empecé a cavar en el sitio indicado. A medida que el hoyo se hacía más profundo, el olor era cada vez más fuerte. Tuve que detenerme un momento porque esto provocó un pequeño vuelco en mi corazón. Desearía no tener una mente tan compleja y no necesitar invertir tanto tiempo en mi yo interior, y poder dedicarte un poco más de tiempo. Pero soy incapaz de querer a alguien sin sentir un amor total hacia mi mismo. Esta es la razón por la que me mantengo ausente tantos días. No es ningún acto de egoísmo. Al contrario.

Seguí cavando en la playa, hasta que encontré la fuente de olor. Una preciosa rosa azul con una nota escrita con perfecta caligrafía.


Sigue tu camino, pero nunca olvides a los que tienes alrededor.


Cuando tomé la rosa con mis manos, una espina me tocó el dedo índice y me hizo un corte que derramó un par de gotas de sangre sobre la caliente arena de la playa.

Me desperté de nuevo en mi habitación. Aunque tú seguías tumbada a mi lado, el olor de tu perfume prácticamente ya se había extinguido por completo.

Noté algo punzante debajo de mi almohada. La levanté con cuidado y encontré la misma rosa azul que había desenterrado en mi sueño. Pero esta vez no llevaba ninguna nota consigo, ni había ninguna espina.


jueves, 7 de diciembre de 2017

Trozos de papel

Los aviones vuelan bajo. Planean sobre la ciudad de papel que hemos construido.
Sueños perdidos en la noche de Navidad, que buscan nuevos dueños. Todo aquello que dejamos morir lentamente, quedó enterrado debajo la arena de las playas que nos inventamos en tiempos en que la creatividad asomaba por la ventana. - ¿Y ahora que? - Me preguntas. Sinceramente no tengo ninguna idea brillante, pero me dedico a improvisar, me dejo de cuentos, y sorteo la situación. No podemos seguir engañándonos. Esta no es la realidad en que vivimos. Nuestro mundo imaginario ha terminado. Desde la torre principal de nuestra ciudad de papel vemos como un avión pierde el rumbo, y se aproxima a nosotros a toda velocidad. No podremos escapar. El choque va afectar los cimientos de toda nuestra metrópolis. Se va a hundir en las profundidades de la Tierra.
Tú te asustas y activas todas las alarmas, pero la ciudad está en silencio, esperando impaciente su final. Un desenlace que era predecible.
El avión impacta estrepitosamente contra la torre donde nos encontramos. Trozos de papel empiezan a caer del techo, y todo empieza a temblar.
Me pides que haga algo, que aún estamos a tiempo de salvar todo lo que hemos construido. Pero yo lo único que puedo hacer es acercarme un poco más a la ventana, ver como la ciudad se derrumba a nuestros pies, y esperar impaciente la caída de nuestra magnífica torre.
El fuego empieza en el piso superior, en cuestión de segundos va llegar a nuestro emplazamiento. Ya puedo percibir el calor de las llamas, se acercan con una velocidad desmedida.
Ya no me acuerdo de lo que me espera, cuando las llamas nos alcancen, pero me he cansado de esconderme en este mundo irreal.
El fuego llega a nuestra ubicación y quema todo lo que tenemos alrededor, veo como ardes en cuestión de segundos.
  • Nos vemos en el mundo real, listos para afrontar los problemas.- Te digo, antes de que desaparezcas con una llamarada. Yo cierro los ojos, y espero mi momento.


Despierto en un pequeño cuchitril, iluminado sólo con una luz incandescente. El desorden predomina, y un fuerte olor a cerrado, se ha apoderado de espacio, abro un poco la ventana, y veo todo el bullicio de las calles, alguien está aporreando mi puerta estrepitosamente, y me grita cosas indescifrables. Nada de esto me suena familiar. Debo haber estado mucho tiempo soñando, pero tengo que ponerle remedio a esta situación.
Empiezo a ordenar la habitación, y abro la puerta, una mujer de mediana edad, empieza a hacerme múltiples preguntas, que soy incapaz de responder. Me despido de ella, y salgo a la calle. Está muy enfadada, aunque yo desconzco el motivo de su enojo.
La urbe me parece un caos. Incluso me siento inseguro, pero me apetece enfrentarme al mundo real. Nuestra ciudad de papel era demasiado perfecta. No tenía ningún peligro ni irregularidad. Vuelvo a sentir ganas por vivir, y la adrenalina corre de nuevo por mis venas a toda velocidad.
Avanzo entre la multitud, para encontrarte. Pero la cantidad de gente, que hay es enorme. Me acuerdo de como te gustaban las torres. Siempre querrías estar en el punto más alto de la ciudad. Desde donde pudieras observarlo y controlarlo todo. Y me dirigo al edificio más alto de la metròpolis. Allí delante plantada estás tu. Alucinando con la altura de esta torre. Una de verdad. Te toco la espalda y te giras sobresaltada. Necesitas unos segundos para reconocerme, pero te alegras mucho de verme. Aún tienes algunos trozos de papel quemado en tu ropa, te los limpio, y me guardo uno de recuerdo en el bolsillo. Tomo tu mano, y te susurro en el oído:
  • Vayamos a descubrir el mundo.

Y nos perdemos entre la multitud como si siempre hubiéramos formado parte de ella.