martes, 26 de agosto de 2025

El Perdón

 Julio 2010 

Ángel había vuelto al pueblo. Doce años después nos volvíamos a encontrar. Teníamos tanto que hablar, pero yo seguía siendo un cobarde y no me atrevía a acercarme a él. El miedo al pasado era demasiado abrumador.

El pueblo seguía igual, parecía que no había avanzado en el tiempo, pero nosotros desde luego que no éramos los mismos. En 12 años habían ocurrido tantas cosas… 

Me lo miraba desde la distancia. Estaba sentado en el bar que solíamos encontrarnos. Parecía que la vida tampoco lo había tratado bien. ¿Habría hecho el karma justicia? Me preguntaba mientras me fijaba en sus pómulos hundidos y su rostro envejecido. 

Se respiraba silencio y tranquilidad en el entorno, pero yo podía sentir mi corazón latiendo con fuerza, solo de verlo allí de nuevo. ¿Qué lo habría llevado a volver aquí? 

                                                         * 

En verano de 1998, mis padres se fueron de vacaciones, yo acababa de cumplir 18 años y quería irme a la playa con ellos, estaba harto del pueblo, pero me había salido un trabajo de ayudante de carpintero y tuve que quedarme. Mi padre decía que ya tenía edad para ser independiente, y mi madre muy a su pesar (porque era muy protectora) accedió, ya que no iría mal un sueldo extra. 

Trabajaba de 9 a 7, y al terminar estaba reventado, no tenía tiempo para mucho. Mi grupo de amigos me invitaba todos los viernes por la noche a tomar unas copas y a ligar con las chicas que venían de vacaciones, pero yo necesitaba descansar. Me estaba volviendo un lobo solitario. 

Una noche que el grupo había quedado, me apunté. Me apetecía salir y pasarlo bien, llevaba mucho tiempo que iba de casa al trabajo y del trabajo a casa y los findes me encerraba a leer y escuchar música. Mi madre siempre decía que se deben cuidar a los amigos. 

Ellos llevaban ya un rato en el bar. La mayoría se alegraron de verme, pero Ángel esta noche había bebido demasiado.    

-Hombre Jorge, ¿qué pasa? ¿Cuánto tiempo? Has cambiado de amigos o qué. Me recriminó mientras me sacudía con fuerza. David le avisó que iba borracho, que, controlara sus nervios. Pero Ángel siguió insistiendo. 

-Déjame en paz, he estado ocupado con el nuevo trabajo.

- Le espeté.-Ah, es verdad, que ahora eres un currante y tienes dinero. ¿Pues por qué no nos invitas a una ronda?  

La discusión fue escalando hasta que llegamos a las manos, me abalancé sobre suyo, aunque sabía que era un suicidio, Él era mucho más corpulento y fuerte que yo. El resto de amigos trataron de separarnos, pero ocurrió lo inevitable, me dio una buena paliza. 

Desde aquel día no puedo mirarme al espejo sin sentir asco, me repudio a mí mismo. Me quedó la cara llena de cicatrices. Nunca más he sido capaz de acercarme a una mujer, y tengo la sensación que todo el mundo me tiene miedo. Me he vuelto más reservado y solitario aún.  

Ángel se fue del pueblo, nadie lo aceptaba en ningún trabajo, y la mayoría de bares prohibieron su entrada. Dicen que después de la paliza despidieron a su padre, ya que mi familia era muy querida por su jefe.  

                                                        * 

Sigo con la mirada clavada en su mesa, está tomando un café, quizás dejó el alcohol, después de esa pelea. 

Mierda, me ha visto. Deja un billete de 5€ sobre la mesa y se levanta con dificultad. Se me acerca poco a poco, me quedo parado, sin saber si huir o mantener la calma, se percibe la tensión en nuestras miradas. 

Quiero irme, pero él levanta la mano. 

-Jorge, tenemos que hablar. - Su voz es grave y profunda. 

Me mantengo en estado de alerta y espero a que se acerque. Tendrá poco más de 30 años (mi edad), pero parece mucho mayor. 

Dejé que fuera él que iniciara la conversación. 

- Llevo tanto tiempo queriendo hacer esto, pero nunca he tenido suficiente valor. - Se me acercó un poco más, rompió a llorar, quiso darme un abrazo pero lo rechacé. - Espero que algún día me puedas perdonar por lo que te hice el verano del 98. Sé que tenía un problema con el alcohol, y mi padre me acababa de dar una buena paliza aquella noche, porque había suspendido el curso y no podría ir a la universidad. Tú me dabas tanta envidia. Siempre el mejor alumno de la clase, pensaba en lo orgullosos que estarían tus padres de ti. La vida no me ha ido nada bien desde que me fui del pueblo, creo que ha sido un castigo por lo que te hice. 

Silencio. No tenía palabras ni ánimo para responderle.  Seguía manteniendo la distancia, no lo dejaba acercarse demasiado. Quería proteger mi espacio, seguía sin confiar en él. 

-Sé que todo esto no es excusa, pero te digo que me he arrepentido cada día de mi vida de lo que te hice.  

Quise girarme y dejarlo allí, lo quería ver sufrir, que sintiera el mismo dolor que sentí yo 12 años atrás. Pero me agarró del brazo, quería decirme algo, pero, creo que se quedó en blanco al ver mi rostro desde más cerca.  

Lo miré fijamente a los ojos, quería que me viera la cara desfigurada, y sintiera mi dolor. El daño que me había hecho. Su recuerdo me acompañaría toda la vida. Pero sabía que el odio no me llevaría a ningún sitio, ni curaría mis heridas. 

-Te perdono. Ahora estamos en paz. - Le dije manteniendo la mirada, y luego me volví a mi casa. Sentía que mi cuerpo había perdido algunos kilos. Algo se había liberado en mi interior. Me tumbé en el sofá y puse un álbum de jazz, de aquellos que guardo solo para ocasiones especiales.      

¿Sueño o realidad?

 Abrió los ojos, y se encontró hundiéndose en el océano. Era un chico de mar, de los mejores nadadores de su promoción, pero sentía que su cuerpo era muy pesado y no se podía mover, sus brazos estaban agarrotados y sus piernas parecían muy hinchadas. Lo había soñado tantas veces que se sentía confundido. ¿Estaba pasando de verdad? ¿Se estaba cumpliendo su peor pesadilla? Empezó a quedarse sin aire, las sensaciones eran demasiado fuertes para ser un sueño. Se veía todo el fondo marino, peces de todos los colores, e incluso una morsa pasó nadando cerca, sin inmutarse. 

Cerró los ojos y se dejó llevar, si este era su final iba a disfrutar del último aliento. Trato de recordar los mejores momentos de su vida, se sentía relajado. De repente notó movimientos nerviosos a su alrededor y sintió que una mano tiraba de él con fuerza y lo devolvía a la superficie. 

Necesitó unos segundos para volver en sí, hasta que volvió a abrir los ojos, y pudo ver un rostro borroso que lo miraba con preocupación. Era ella con su melena negra y los ojos de gato herido. 


Los sueños son algo curioso, a veces es mejor no tratar de entenderlos. Si los consigues descifrar te pueden dejar más perdido de lo que estabas. Mario no acostumbraba a recordarlos, pero desde que Eva se había ido un día sin dejar rastro, no paraba de aparecerle todas las noches de la forma más surrealista. 

Ni una nota, ni un mensaje. - Pensaba a menudo. 

Siempre que soñaba con ella se levantaba agitado. 

Salir a nadar, le ayudaba a calmar la mente, se había criado cerca del mar y era el único sitio donde se sentía seguro de verdad. Lejos de todo. No era una persona muy sociable, y desde que Eva le había dejado se había vuelto más introspectivo y desconfiado con la gente. Prefería estar solo. 

Como todos los días antes de meterse en el agua, hacía su ritual. Se estiraba en la arena y respiraba profundamente, dejando que los primeros rayos de Sol le calentaran el rostro. Esperaba a escuchar una gaviota cantar para levantarse y salir corriendo hacia la orilla y tirarse con ímpetu dentro del frío océano. 

Aquel día nadó con fuerza para alejarse de la costa, sabía que era peligroso, pero la rabia que sentía lo empujaba hacia el horizonte. Se veían algunos barcos de pescadores a lo lejos, y se acordó de cuando iban a navegar con Eva en verano, qué buenos recuerdos. 

Su cuerpo empezaba a estar cansado, nunca había llegado tan lejos en tan poco tiempo. Pero seguía encendido, no podía detenerse. Ignoró todas las señales hasta que perdió el conocimiento. 

Abrió los ojos, cuánto tiempo llevaría así, se estaba hundiendo, si no empezaba a nadar hacia arriba, se iba a ahogar, estaba ya bastante profundo. Su mayor miedo desde pequeño era ese. Lo había soñado infinitas veces, pero lo había superado porque amaba el mar más que a nada, pero ahora no se podía mover, su cuerpo estaba paralizado, se sentía muy pesado, y se dejó llevar. No tenía fuerzas para hacer nada más. Cerró los ojos.  

De repente sintió que una mano lo agarraba y lo subía hacia la superficie. Necesitó unos segundo para volver en sí, abrió los ojos con dificultad. Estaba en una pequeña barca, había una chica morena que lo miraba fijamente con cara de preocupación. Veía borroso, pero la reconoció al instante. Era ella. Tenía tantas preguntas… ¿Dónde se había metido todo este tiempo? Quiso levantarse, para hablar y resolver sus innumerables dudas, pero ella le sugirió descansar. 

Le acarició la mejilla y le besó en la frente. Su cuerpo aún no había olvidado su caluroso afecto. 

Entre aquella sensación y el cansancio se durmió. 


Abrió los ojos, se encontraba en su habitación, empapado de sudor. La cama estaba removida, como si alguien hubiera dormido a su lado, pero estaba vacía. Ningún rastro. Observó a su alrededor y localizó un sobre rojo en la mesilla de noche. 


Para Mario, de Eva 


Respiró profundamente, cerró los ojos, se armó de valor y lo abrió.


miércoles, 27 de diciembre de 2023

Una mariposa en busca de la libertad

 Y de repente, despiertas. Después de haber liberado miles de batallas, y lleno de heridas, experimentas sensaciones inusuales, comportamientos particulares que te dejan desconcertado. Pero tu espíritu de luchador te mantiene en vilo. A la expectativa. Sabes que ahora viene una lección. Que vas a salir reforzado. 

Entiendo que la lucha más importante es conmigo mismo, que la única forma de vencer es cambiando el punto de atención hacia mí. No buscar más en el exterior. 

Me siento como un guerrero zen, porque conozco la complejidad de mi mente, y lo difícil que resulta controlar algunos pensamientos, no caer en un bucle de negatividad, y ser suficientemente hábil como para transmutar. Pero tantos años trabajando en mis emociones conllevan sus resultados. Una mayor fortaleza y cambios más significativos. Sigo por el sendero de la autoexploración, que avanza por un bosque frondoso y espeso. Lleno de arbustos y árboles caídos, como pensamientos negativos que ocupan tu mente. Pero los miro a los ojos, les saludo y los esquivo. 

No pierdo nunca la esperanza. La consciencia es la clave de mi éxito, y aunque a veces sea demasiado impaciente y quiera resultados inmediatos me acuerdo de la sabiduría de Lao Tse, el taoísmo. Hacer es no hacer nada. La contemplación y la autorreflexión son los mejores ejercicios para comprender el universo y el poder de la naturaleza. Dejar ir para que todo vuelva a su sitio, y dejar espacio a nuevos horizontes. Que poder tiene desapegarse de todo y quedarse solo con uno mismo. 

Desde una distancia prudencial me observo a mi mismo meditando, puedo escuchar mi respiración y mis pensamientos agitados. Mi mente reclama serenidad y calma, mi corazón me pide respuestas y acción, sin embargo debo mantenerme firme. Desarrollar mi capacidad de resiliencia y ser paciente. 

Puedo sentir que mi ego está muy herido, es complicado luchar contra él, pero lo tengo que aceptar. Él ha ganado esta vez, pero yo me he dado cuenta de que hablo desde él, es su voz la que toma las decisiones, la que me mueve y me hace reaccionar de forma inconsciente. Esta es mi pequeña victoria, un pequeño paso a la libertad. Ser más consciente. Hablar desde el amor y la comprensión. Tener un poco de compasión con uno mismo, perdonar y perdonarse. 

Nunca dejaré de aprender si sigo con esta actitud, espero nutrirme de cada experiencia, evolucionar y llegar a un estado superior. Activar el guerrero zen que llevo en mi interior, y fortalecer mi mente. No dejarme ganar por todos los impulsos que perturban mi bienestar. Y poco a poco ir reforzando su armadura, con dedicación y buena intención. 

Esto va sanando estas heridas del ego, y lo va ablandando hasta que se transforma en una bella flor blanca en primavera, que florece en la pradera.  

Mi conciencia despierta como esta flor, y yo me siento como el capullo de una mariposa, preparado para volar, descubrir el nuevo mundo y lograr la ansiada estabilidad. 


viernes, 22 de diciembre de 2023

El Muro

 Cuenta la leyenda que en un lugar remoto de Asia Central, había un muro inquebrantable. Los sabios decían que detrás de él se encontraba la respuesta a todas las preguntas. 

Eran muchos los que habían tratado de traspasarlo, pero nadie lo había logrado. 

Tantos lo habían intentado a base de la fuerza y otros a partir del poder de la mente, concentrando todas sus energías en traspasar aquellas piedras. 

Aquel muro se había convertido en un santo grial para guerreros, sabios y monjes. Todo lo imposible siempre llama la atención. 

Un día en el mercado del pueblo llegó un vendedor a caballo de un burro. Comerciaba con algunas frutas y verduras de su huerto y leche de sus tres cabras. Un guerrero llegó de la montaña después de intentar todo lo posible para derribar el muro. Estaba exhausto y quería comprar un poco de leche de cabra para recuperar las fuerzas. Al día siguiente lo volvería a intentar. Le explicó al vendedor la hazaña que quería hacer, y este lo escuchó con atención. Cuando el guerrero terminó de hablar, este le preguntó: 

  • ¿Puedo venir contigo mañana? 

  • Sí, claro. Pero me levantaré muy temprano. Hay mucha gente intentándolo. Quiero encontrar un lugar estratégico. 

  • Pásame a recoger mañana a las 4 aquí, en mi parada. - Le dijo el vendedor. 

El guerrero que se alojaba en una posada cerca de la plaza del pueblo se fue a dormir. Estaba convencido de qué al día siguiente podría derribar el muro y encontrar todas las respuestas que buscaba. Había algo en la mirada de aquel vendedor que le daba optimismo y valor. 

Antes de que saliera el Sol, el guerrero ya estaba levantado, se sentía con fuerza y determinación. Se dirigió a la parada del vendedor y ya se lo encontró allí, mientras el campanario del pueblo tocaba las cuatro. Puntual como un reloj, tal y como habían acordado. 

El guerrero y el vendedor se adentraron al bosque y anduvieron un largo camino hasta el muro. No dijeron ni una sola palabra durante el trayecto. Los dos estaban concentrados en su propósito. 

Cuando el Sol ya empezaba a salir detrás de las montañas, visualizaron el muro a pocos metros. Ya había unos cuantos intentando derribarlo con todas sus fuerzas. Física o mental. 

El vendedor observó el muro con atención. La verdad es que visto desde cerca imponía. 

El guerrero se concentró un rato y empezó a asestar golpes certeros y fuertes. 

El vendedor se sentó debajo de un árbol que se encontraba en frente, y le pidió al guerrero que se detuviera un momento. 

Cerró los ojos y centró la atención en su frente y en su corazón. Puso toda la intención en estos dos puntos, conectando con su alma y su yo interior. Todos los que estaban alrededor interrumpieron sus intentos. Se podía percibir la energía. 

El vendedor estaba rodeado por un aura dorada. El muro se empezaba a agrietar poco a poco. Los primeros ladrillos empezaron a caer con estrépito. Todos estaban boquiabiertos. Como era posible que aquel vendedor lo estuviera conseguido tan fácil. 

En unos minutos toda la estructura se había derrumbado, y por sorpresa de todos los presentes, solo apareció un espejo gigante. 

Miraron todos asombrados, sin lograr entender aún lo que había ocurrido, 

  • Observad el espejo con atención y comprenderéis como lo he conseguido y al mismo tiempo encontraréis todas las respuestas que buscáis. - Dijo el vendedor con tono calmado. Y emprendió el camino de vuelta al mercado para terminar de vender los productos que aún le quedaban del día anterior. 

viernes, 17 de noviembre de 2023

La melodía fantástica

 La melodía que salía de aquella ventana contrastaba con la tormenta que se avecinaba. 

Aquella tarde salí a pasear como de costumbre. Soy un hombre de rutinas, me ayudan a focalizar mi atención, clarificar mis ideas y atenuar mis miedos. 

Me guiaba por mi intuición, a donde me llevara mi subconsciente. 

Mi casa queda un poco alejada del pueblo, cerca del valle. Me gusta la tranquilidad y la quietud que se respira aquí. 

Era una tarde nublada y fría, un verdadero día de otoño. Podía predecir que la lluvía llegaría pronto, y daría aún más intensidad a los colores cálidos y a este sentimiento de melancolía tan típicos de la estación. 

Aunque llevaba tiempo viviendo allí, cada vez que salía descubría nuevos elementos en el paisaje. Era cambiante como mis  emociones. 

Seguí por la ruta que me marcaba mi subconsciente, que siempre encontraba lo que necesitaba, acorde con mi estado anímico. 

Cerca de una pradera, encontré un sendero estrecho, con una ligera pendiente. No me acordaba de haber pasado antes por allí. 

Mis sentidos se empezaron a agudizar a medida que iba avanzando. El viento traía una bella melodía, venía de lejos, pero mis pies no se detenían. Avanzaban hacia el origen de aquella música. 

A medida que me iba acercando, las nubes se iban volviendo cada vez más oscuras. La lluvia ya había llegado e iba acompañada de una tormenta. Debía buscar un refugio pero mis pies no podían parar. Querían averiguar de dónde salía aquella melodía. 

A lo lejos divisé una cabaña, solitaria en medio de la pradera. La canción salía de la única ventana que tenía aquella construcción. Contrastaba con la tormenta que se avecinaba. Era bella y relajante. La más bonita que había escuchado nunca. 

Corrí para llegar antes que me alcanzara la tormenta. Pero me llevé una gran decepción al averiguar que no tenía tejado. Eran cuatro paredes con una ventana y una puerta. 

Empezó a llover a cántaros, y la melodía me empujaba dentro de la cabaña. Era muy pequeña, solo cabían dos personas.   

La melodía empezó a penetrar en mi mente y a relajar mis músculos y emociones. Me impregné del poder de cada una de las notas que emitía aquella cabaña. Me sorprendió que a pesar de no tener tejado no estaba mojando dentro de la cabaña. ¿Cómo era posible? Salí, para comprobar que estuviera lloviendo de verdad, y quedé empapado al cabo de diez segundos. Volví a entrar y mientras la melodía entraba de nuevo por mis oídos y se alineaba con todos mis sentidos no me cayó ni una gota. Estaba a salvo allí, y la música era mi refugio. También para mis miedos y ansiedades. Lo relativizaba todo y me recordaba porque debía seguir luchando por conseguir mi mejor versión. 

Me quedé allí hasta que pasó la tormenta, y volví a casa por el mismo camino, todavía hechizado por el efecto de la melodía, anhelando la llegada de un nuevo día, impaciente por descubrir la próxima sorpresa que me depararía el mundo.   

 


Mr Asertivo

 Era Carnaval, y Adam quería disfrazarse como todos los niños para el concurso de su colegio. Pero el único disfraz que encontró en casa era uno de superhéroe. Era de su hermano, rojo y blanco con una S plateada en el pecho, necesitaba una pinza para aguantar la capa de color rojo. Su familia no tenía suficiente dinero para comprarle otro, así que se tuvo que conformar con aquel. 

No le gustaban los superhéroes corrientes. Eran demasiado perfectos, y él estaba rodeado de imperfección: su familia, sus problemas en el colegio, el dinero, la casa donde vivían…  Los superhéroes, no lo habían salvado nunca de aquel desastre. Él solo quería una familia normal y llevar una vida feliz y equilibrada como la mayoría de sus compañeros. 

Sabía que no podía salir a la calle con aquel disfraz viejo y roto sin más. Debía buscarle un sentido distinto, sino sus amigos se reirían de él y sería otra vez la vergüenza de todo el colegio.  

Pero como Adam era un niño especial, tenía mucha creatividad. La imaginación era lo que le había mantenido con vida en las peores situaciones, se inventó un personaje. Un nuevo superhéroe. Le llamó Mr Asertivo. Alguien imperfecto, con unos poderes muy específicos. Capacidades poco usuales en la sociedad materialista actual. Alguien que sabía escuchar y tenía empatía, que reconocía sus errores y no tenía miedo a mostrarse vulnerable. Porque los superhéroes son auténticos, y esto es lo que a él le hacía sentir diferente, lo que marcaba su personalidad. Pero a veces nos empeñamos en ser fuertes, no expresar nuestras emociones ni nuestra sensibilidad para no parecer débiles. Eso Adam no lo compartía. Sabía que para poder superar todos sus problemas era necesario hacer una gestión correcta de sus emociones. Entenderlas y trabajarlas como es debido. Para poder ser una mejor persona y ofrecer su mejor versión al mundo. 

Esto era la definición de superhéroe para él.  

Aprovechó algunas camisetas viejas que tenía en casa para remodelar el disfraz, eligió algunos de los colores que más se identificaban con su forma de ser. Quedó satisfecho con el diseño. 

Llegó el día del concurso de Carnaval, y todos lucían sus caros y maravillosos disfraces. 

Adam caminaba satisfecho por el teatro. Sus compañeros lo miraban con indiferencia, ellos iban de mago, de demonio o de vampiro. 

Nadie entendía de que iba disfrazado. -¿Quién es Mr Asertivo?- Preguntaban todos. 

  • Quizás hoy podréis experimentar sus capacidades.- Explicaba él satisfecho, mientras se ajustaba la capa. 

Como cada año dieron el premio al mejor disfraz, y otra vez volvió a ganar uno de los disfraces más caros, y menos auténticos para su gusto. Pero así era como funcionaba la sociedad en general. Era muy materialista. 

La mañana avanzó sin irregularidades, y al terminar el desfile los niños comenzaron a volver a sus casas. Adam se quedó un poco más, le gustaba ver los restos de confeti y cintas de colores por el suelo. 

Escuchó a alguien sollozar, y encontró a su compañero Max, sentado en un rincón cubriéndose la cara, y llorando.  

  • ¿Qué te ocurre?- Le preguntó Adam con tono empático. 

Max levantó la mirada del suelo, y limpió las lágrimas que le quedaban en sus ojos. 

  • Estoy harto de perder siempre en el concurso de disfraces. Cada año me lo preparo al máximo y siempre se lo dan a los alumnos más populares y que vienen de la mejor familia. 

Max iba disfrazado de mago, pero la verdad que estaba muy trabajado. 

Adam, le tendió la mano, y le invitó a levantarse. 

  • Te presto, el mío. Ya verás. Te hará sentir mejor. Desarrolla unos poderes especiales en todo aquel que lo viste. - 

  • Pero el concurso ya ha terminado.  No podré ganar. - 

  • Sí, pero la vida sigue. Mr Asertivo ya me ha enseñado la lección, ahora me toca transmitirte los conocimientos que he aprendido. 

 Max, lo miró incrédulo, pero aceptó la oferta y se intercambiaron los disfraces. No parecía muy satisfecho con aquella pinza aguantando la capa de color rojo, pero Adam lo había convencido. 

  • ¿Debería notar algo en especial? - Preguntó. 

  • Mr Asertivo hará su efecto en el momento correcto. Solo tienes que ser paciente y estar preparado. Pero recuerda que una vez aprendida la lección, tienes que darle el disfraz a otra persona, y seguir la cadena. 

Pareció un poco más convencido, y le prometió que confiaría en Mr Asertivo. 


Este día Adam volvió a casa un poco más feliz, y preparado para afrontar su vida desde otra perspectiva. Porque se había dado cuenta que cada uno crea su propia realidad en su mente. Y él era el mejor utilizando su imaginación. 

Mr Asertivo había ganado el concurso sin obtener ningún premio. Había conseguido cambiar el concepto de superhéroe.


jueves, 9 de noviembre de 2023

La vieja lata oxidada

 Llegué tarde y entré por el garaje, no quería despertar a Mel. La noche había sido larga y salvaje. Otra fiesta sin sentido en la casa de los Adams. ¿Por qué siempre se nos iba de las manos cuando me reunía con ellos? 

Tropecé con una vieja lata oxidada, parecía de gasolina pero estaba vacía y un poco abollada. ¿Qué hacía allí en medio? ¿Por qué no la habíamos tirado aún? No recordaba haberla visto antes. Me agaché y la dejé en un rincón para no volver a tropezar otro día. Mañana ya me ocuparé de ella. 

Me siento mareado, creo que he vuelto a beber demasiado. Afortunadamente Tim me ha llevado en coche, porque no estaba en condiciones de conducir. Me quito los zapatos y los dejo tirados por el pasillo. Llego a la cama dando tumbos. Mel duerme profundamente, no me ha oído. Si se enterara quizás me dejaría definitivamente. Llevamos una mala racha y esto podría ser la gota que colma el vaso. 

Puedo escuchar el rumor del viento, y algún coche pasar por la calle. Vivimos en una zona tranquila, y eso se agradece. No será difícil conciliar el sueño esta noche. Me encuentro muy cansado. 

Estaba a punto de caer rendido cuando se escuchó un fuerte estrépito en el piso de abajo. Algo ha caído ruidosamente. Creo que viene del garaje. Mel se revuelve a mi lado. Creo que se ha despertado también, pero no dice nada. Estoy demasiado cansado para comprobar que todo está correcto. Cambio mi posición y vuelvo a cerrar los ojos. 

Al cabo de unos minutos, otra vez se escucha el mismo ruido. Pero mucho más intenso y prolongado. Como si el objeto caído se arrastrara por todo el suelo. 

  • Tom, ¿Ya has llegado? ¿Puedes ir a ver que ocurre en el garaje? - Balbucea Mel, que sigue medio dormida. 

Tengo que esforzarme para levantarme. La cabeza me da muchas vueltas y necesito agarrarme a la pared para no caerme. Bajo las escaleras con mucho cuidado. Voy al garaje, todo parece en orden. Cuando ya estaba decidido en volver a la cama, vuelvo a tropezar con la vieja lata plateada que me había encontrado al llegar. La miro fijamente. Parece un poco más oxidada aún. Quiero agarrarla para apartarla del paso, y dejarla en su rincón de nuevo. Pero esta vez pesa muchísimo. No la puedo mover. Ni con todas mis fuerzas soy capaz de desplazarla. Empiezo a desesperar hasta que le doy una patada y vuelvo a la cama cabreado. 

Me cuesta conciliar el sueño esta vez. Maldita lata. El universo está contra mí esta noche. 

Minutos más tarde, vuelvo a escuchar el mismo ruido pero esta vez mucho más cerca. Creo que viene del comedor. Me levanto de un salto, Mel me dice algo que soy incapaz de interpretar. Estoy demasiado alterado. 

Bajo a gran velocidad, las escaleras y me resbalo. Me doy un fuerte golpe en la rodilla, y recuerdo que sigo ebrio. Veo otra vez la lata frente a mí. Le doy un puñetazo, ¿me está persiguiendo? La lata no se mueve y el dolor que me produce tal acción es terrible. És aún más dura que la vez anterior. Trato de moverla con todas mis fuerzas pero es imposible. 

Me levanto como puedo y vuelvo a la cama. Mel se ha despertado y parece irritada. No escucho lo que me dice. Trato de tumbarme y concentrarme en otra cosa, pero al cabo de un rato se escucha el mismo ruido, aún más cerca. Parece que algo ha caído dentro de la habitación. Otra vez la lata. Me levanto ofuscado y muy irritado. ¿Qué está pasando aquí? 

Quiero moverla pero me doy cuenta que esta vez hay una nota en el dorso del objeto que dice así: 

Si quieres moverme cambia tu actitud 

En este momento me doy cuenta de la relación de este suceso con mi vida. Quiero cambiarlo todo pero sigo haciendo siempre lo mismo, y mi actitud es deficiente. 


La lata se quedó durante tres semanas en el mismo sitio, tumbada en el suelo de la habitación, hasta que fui capaz de retomar el rumbo de mi vida y cambiar la actitud. Las cosas mejoraron y parecieron no ser tan complejas como las imaginaba, asimismo conseguí mover la vieja lata oxidada a su sitio sin esfuerzo. La quería tirar, pero la guardé en el garaje para que si algún día volvía a perder la actitud me recordara la lección, se convirtió en mi amuleto.