Julio 2010
Ángel había vuelto al pueblo. Doce años después nos volvíamos a encontrar. Teníamos tanto que hablar, pero yo seguía siendo un cobarde y no me atrevía a acercarme a él. El miedo al pasado era demasiado abrumador.
El pueblo seguía igual, parecía que no había avanzado en el tiempo, pero nosotros desde luego que no éramos los mismos. En 12 años habían ocurrido tantas cosas…
Me lo miraba desde la distancia. Estaba sentado en el bar que solíamos encontrarnos. Parecía que la vida tampoco lo había tratado bien. ¿Habría hecho el karma justicia? Me preguntaba mientras me fijaba en sus pómulos hundidos y su rostro envejecido.
Se respiraba silencio y tranquilidad en el entorno, pero yo podía sentir mi corazón latiendo con fuerza, solo de verlo allí de nuevo. ¿Qué lo habría llevado a volver aquí?
*
En verano de 1998, mis padres se fueron de vacaciones, yo acababa de cumplir 18 años y quería irme a la playa con ellos, estaba harto del pueblo, pero me había salido un trabajo de ayudante de carpintero y tuve que quedarme. Mi padre decía que ya tenía edad para ser independiente, y mi madre muy a su pesar (porque era muy protectora) accedió, ya que no iría mal un sueldo extra.
Trabajaba de 9 a 7, y al terminar estaba reventado, no tenía tiempo para mucho. Mi grupo de amigos me invitaba todos los viernes por la noche a tomar unas copas y a ligar con las chicas que venían de vacaciones, pero yo necesitaba descansar. Me estaba volviendo un lobo solitario.
Una noche que el grupo había quedado, me apunté. Me apetecía salir y pasarlo bien, llevaba mucho tiempo que iba de casa al trabajo y del trabajo a casa y los findes me encerraba a leer y escuchar música. Mi madre siempre decía que se deben cuidar a los amigos.
Ellos llevaban ya un rato en el bar. La mayoría se alegraron de verme, pero Ángel esta noche había bebido demasiado.
-Hombre Jorge, ¿qué pasa? ¿Cuánto tiempo? Has cambiado de amigos o qué. Me recriminó mientras me sacudía con fuerza. David le avisó que iba borracho, que, controlara sus nervios. Pero Ángel siguió insistiendo.
-Déjame en paz, he estado ocupado con el nuevo trabajo.La discusión fue escalando hasta que llegamos a las manos, me abalancé sobre suyo, aunque sabía que era un suicidio, Él era mucho más corpulento y fuerte que yo. El resto de amigos trataron de separarnos, pero ocurrió lo inevitable, me dio una buena paliza.
Desde aquel día no puedo mirarme al espejo sin sentir asco, me repudio a mí mismo. Me quedó la cara llena de cicatrices. Nunca más he sido capaz de acercarme a una mujer, y tengo la sensación que todo el mundo me tiene miedo. Me he vuelto más reservado y solitario aún.
Ángel se fue del pueblo, nadie lo aceptaba en ningún trabajo, y la mayoría de bares prohibieron su entrada. Dicen que después de la paliza despidieron a su padre, ya que mi familia era muy querida por su jefe.
*
Sigo con la mirada clavada en su mesa, está tomando un café, quizás dejó el alcohol, después de esa pelea.
Mierda, me ha visto. Deja un billete de 5€ sobre la mesa y se levanta con dificultad. Se me acerca poco a poco, me quedo parado, sin saber si huir o mantener la calma, se percibe la tensión en nuestras miradas.
Quiero irme, pero él levanta la mano.
-Jorge, tenemos que hablar. - Su voz es grave y profunda.
Me mantengo en estado de alerta y espero a que se acerque. Tendrá poco más de 30 años (mi edad), pero parece mucho mayor.
Dejé que fuera él que iniciara la conversación.
- Llevo tanto tiempo queriendo hacer esto, pero nunca he tenido suficiente valor. - Se me acercó un poco más, rompió a llorar, quiso darme un abrazo pero lo rechacé. - Espero que algún día me puedas perdonar por lo que te hice el verano del 98. Sé que tenía un problema con el alcohol, y mi padre me acababa de dar una buena paliza aquella noche, porque había suspendido el curso y no podría ir a la universidad. Tú me dabas tanta envidia. Siempre el mejor alumno de la clase, pensaba en lo orgullosos que estarían tus padres de ti. La vida no me ha ido nada bien desde que me fui del pueblo, creo que ha sido un castigo por lo que te hice.
Silencio. No tenía palabras ni ánimo para responderle. Seguía manteniendo la distancia, no lo dejaba acercarse demasiado. Quería proteger mi espacio, seguía sin confiar en él.
-Sé que todo esto no es excusa, pero te digo que me he arrepentido cada día de mi vida de lo que te hice.
Quise girarme y dejarlo allí, lo quería ver sufrir, que sintiera el mismo dolor que sentí yo 12 años atrás. Pero me agarró del brazo, quería decirme algo, pero, creo que se quedó en blanco al ver mi rostro desde más cerca.
Lo miré fijamente a los ojos, quería que me viera la cara desfigurada, y sintiera mi dolor. El daño que me había hecho. Su recuerdo me acompañaría toda la vida. Pero sabía que el odio no me llevaría a ningún sitio, ni curaría mis heridas.
-Te perdono. Ahora estamos en paz. - Le dije manteniendo la mirada, y luego me volví a mi casa. Sentía que mi cuerpo había perdido algunos kilos. Algo se había liberado en mi interior. Me tumbé en el sofá y puse un álbum de jazz, de aquellos que guardo solo para ocasiones especiales.