domingo, 2 de julio de 2017

La contraposición de Dios y Satanás

Una hoguera arde hoy en el cielo. Dios ha confesado todos sus pecados y se ha arrojado junto con su corrompida alma en el Lago de Fuego.
El espectáculo ha sido digno de ver. La pirotécnica ha destruido todo el paraíso y no ha dejado lugar para los santos.
Satanás observa toda la escena desde el Jardín de Edén. Parece aterrorizado. Les ordena a sus diablillos que dejen de comer manzanas del árbol de la ciencia, y tratan de buscar un refugio donde poder ocultar sus colas y sus cuernos. Se avergüenzan de ellos mismos, y ven su reflejo por todas partes. Han perdido el control. Quieren volver al infierno, donde nada está prohibido, ni nadie se ruboriza de sus defectos e imperfecciones.
Unos pocos ángeles supervivientes a la explosión, se alzan encima de las runas del paraíso, moviendo las alas con dificultad. Desde estas alturas se puede apreciar el caos en el Jardín de Edén.
Se miran los unos a los otros sin saber que hacer , hasta que uno de ellos baja hacia donde se encuentran los pobres diablillos atemorizados, agarra a Satanás por los cuernos, y lo arroja en el Lago de Fuego,esperando que este baje al infierno y se quede allí eternamente. El acto curioso es que el Diablo se queda allí atrapado, sin poder hundirse ni volver a salir. De repente una mano de Dios sale a la superfície del lago, con la otra sostiene la cola de Satanás impidiendo que este se reuna con él en el Infierno. Ahí debajo se está mejor de lo que le habían dicho. Se vive una vida más pura y relajada que en el paraíso. Le pide al ángel que devuelva a Satanás al Jardín de Edén, que le libere a él y a todos sus diablillos de la humillación sufrida, y que los deje vivir en paz, y comer todo lo que quieran sin ningún tipo de restricción. El ángel obedece a regañadientes y vuelve a situar a Satanás en el jardín. Acto seguido sus alas desaparecen y le salen cuernos y cola. Por un momento se avergüenza de sus nuevas imperfecciones, pero luego se acuerda de las palabras de Dios y empieza a comer manzanas del árbol de la ciencia junto con los otros demonios.

martes, 2 de mayo de 2017

Xiuhú

Me despierta la primera luz del día, entrando por mi ventana sin pedir permiso. Tengo el vago recuerdo de una noche loca por estos antros de la ciudad. Es que siempre voy a perder el control de esta forma?
Miro a mi alrededor, y todo sigue en el mismo sitio. Vivo en un entorno rutinario, para contrarrestar el bullicio y el estrés de mi vida.
Detengo mi mirada en la ventana. Un pequeño pájaro azul, se ha infiltrado en mi habitación junto con los primeros rayos del Sol. Me observa con atención, desde su rincón. Escucho su respiración nerviosa. Nunca permito que nadie entre en mi cuarto. Es mi templo sagrado. Pero con él hago una excepción. Parece tan inofensivo.
Le pongo el nombre de Xiuhú.  A la tercera vez de pronunciarlo, ya lo identifica y vuela hacía para acercarse un poquito más.
Yo no tengo muchos amigos, y prefiero mantener las distancias con los desconocidos, pero Xiuhú… él no parece de estos que te rompen el corazón. Creo que es de fiar.
El viento sopla con fuerza, haciendo bailar los adormecidos árboles. Se acerca una tormenta. Lo presiento porque Xiuhú está nervioso e inquieto. Anda despacio hacia mis pies, y se acurruca delante mío. Tiene miedo y quiere que lo proteja.
Me siento desarmado, estoy empezando a a encariñarme de él, ha roto mi armadura. Me había prometido a mí mismo que no dejaría que nadie más conquistara mi corazón. Me ha debilitado.
Lo voy a tomar con delicadeza, y lo devolveré al exterior. Pero no puedo, me mira con esos ojos de bondad y vulnerabilidad, que solo puedo acotarme y acariciar su precioso plumaje azul.
Me susurra algo indescifrable al oído, creo que es su canto de agradecimiento.
Por un momento olvido mi odio contra el mundo, y me concentro en este maravilloso ser que tengo entre mis manos.
Deslizo mis dedos por su plumaje con tanta suavidad que acaba durmiéndose. Sus ronquidos, me relajan tanto, que tengo que cerrar los ojos para sentir aquel momento con total plenitud.
No sé cuanto tiempo pasa hasta que vuelvo a abrir los ojos, pero advierto que Xiuhú ya no se encuentra en la habitación. El único rastro que hay de él, es una pluma azul en el suelo.
Me preocupo, y miro por la ventana, pero no aparece. Trato de imitar su canto y llamo la atención de unos cuantos pájaros, pero ninguno de ellos es él. Cuando llega la noche veo un pequeño resplandor que se acerca a mi ventana y se posiciona en la repisa, con un canto alegre. Xiuhú está de vuelta.

domingo, 23 de abril de 2017

Los esclavos del tiempo

Miro el reloj, y veo como las agujas se mueven regularmente hacia la derecha. Los segundos pasan y la gravedad sostiene mis sueños en el universo infinito. No están siempre allí, sino que viajan por la galaxia en forma de meteorito, hasta que se estrellan contra algo y se desvanecen para siempre. Algunos de estos sueños pero van creciendo con el tiempo, hasta convertirse en satélites que giran alrededor del Sol. Brillan con intensidad y se alimentan de la energía que desprende el gran astro.
Me acuerdo de cuando todavía era un niño, y aún no conocía el peligro ni el fracaso. Mi corazón latía desbocado aunque no tuviera hogar. Descubría el mundo con la locura suficiente para sobrevivir. Corría por carreteras vírgenes y me construía mis cabañas en el bosque, con unas cuantas ramas y troncos.  
El reloj sigue en mi mano, el tiempo no se detiene. Veo como todos están pendientes de él. Controla sus vidas, incluso exprime muchas de ellas. Viven en una enfermiza rutina.
Hoy todo es diferente, ese tren que siempre llevaba a todo su ejército de esclavos, se retrasa provocando su impaciencia y lamentaciones.
Llega diez minutos más tarde de lo habitual y algunos de ellos, van a quejarse al maquinista, pero él los ignora. Luego todos suben al tren y se sumergen en su mundo, con sus dispositivos electrónicos, ignorando todo lo que se encuentran en este trayecto que han repetido tantas veces.
Pero hoy ocurre algo imprevisto. Los celulares y reproductores de música no funcionan y el tren no se mueve, está parado en la estación. Uno de los pasajeros se levanta cabreado con la intención de salir y obligar al maquinista a arrancar el tren, pero todas las puertas están bloqueadas. Muchos se desesperan y empiezan a renegar, otros dan golpes a las paredes o a los cristales, pero ninguno de ellos consigue nada.
Finalmente uno de los pasajeros se levanta, mira por la ventana y observa un enorme nido de águilas en el techo de la estación. Avisa a los demás y todos se levantan para ver aquella maravilla. Pueden presenciar el nacimiento de las crías, como las madres las alimentan hasta que se hacen mayores, crecen y vuelan del nido para descubrir mundo.
Cuando todo esto termina, el tren arranca. Ha pasado ya mucho tiempo desde que subieron a él, y todos llegan tarde a sus compromisos, pero que importa, lanzan todos los dispositivos electrónicos por la ventana y pegan sus ojos en los cristales del vagón, alucinando con las cosas que ocurren durante el trayecto, en este mundo que creían conocer a la perfección.
Vuelven a ser como niños curiosos con todo lo que los rodea, y agarrando los sueños que todavía no se han desvanecido que giran alrededor del Sol, impacientes para ser capturados.

domingo, 16 de abril de 2017

Un hombre entre las sombras

El aullido de un lobo rompe el silencio de la noche. El cielo està repleto de estrellas, y el eco del latido de mi corazón resuena en las profundidades del bosque. La oscuridad, me obliga a imaginarme un sendero, que cruza toda la frondosa vegetación. Ahora soy infiel a mis instintos, e incluso pongo en duda algunos de mis principios.
La eufória es lo único que me hace avanzar. Firme y derecho.
No queda nadie más, soy el último superviviente, y tengo que cuidarme solo. Me muevo sigilosamente, y mis pies andan acordes con la vida que hay debajo el suelo. Están conectados con el calor que desprende la tierra, e incluso permito que algún insecto diminuto, se monte a mi dedo gordo y me acompañe en esta última aventura.
Ahora que soy el último humano, puedo fijarme en toda la flora y la fauna, todos los otros seres vivos que ocupan este mundo.
Cuánta sabiduría me rodea. El resto de habitantes de este planeta, trabajan como un equipo, para conseguir un bien común, no entienden de odio,traiciones ni venganzas. Si los hombres nos hubiéramos fijado en ellos, quizás nos encontraríamos en otro punto.  
Disfruto del placer de no escuchar palabras vacías y sin significado, y mi mente se pierde en el sonido de los grillos cantar y el agua del río caer por una cascada.
La luna es mi única luz, ya estoy harto de tanta iluminación artificial, en estos malditos edificios dónde tendemos a congregarnos y encerrarnos con nuestras cavilaciones y ambiciones.
Una gran energía recorre mi cuerpo, necesito compartir todo esto con alguien. Miro a mi alrededor, y veo algunas sombras humanas merodeando, por el entorno, son como fantasmas, siempre andan en línea recta, y no se dan de bruces contra las paredes porque, el primero de la fila, se aparta siempre a tiempo del peligro. Escojo una sombra de la parte de atrás de la multitud, y la golpeo en la cabeza. Veo como el espectro detiene su marcha y me mira con incredulidad. Está asustado. Le doy la mano, y le conduzco por mi camino entre la oscuridad, le muestro todo lo que no puede ver allí detrás, siguiendo los pasos de los demàs. Comprende el mundo animal y el resto de la naturaleza, y se emociona. Rompe a llorar, y se descompone en mil pedazos, hasta volver a tener forma de humano. Es una chica joven muy guapa, las lágrimas caen por sus mejillas. Está muy emocionada con el mundo que restaba invisble a la vista de las sombras. Deja mi mano y se va corriendo hasta un árbol de los que nos cobija y lo abraza con todas sus fuerzas, al mismo tiempo que extiende su falanges al máximo para poder tocar las hormigas que corren por el tronco. Yo que aún conservo mi energía, corro hacía ella, y abrazo el árbol por la otra mitad, consiguiendo que nuestras manos consituyan un círculo perfecto alrededor del tronco. Compartimos nuestra energía, con otro ser vivo diferente a nosotros, hasta que la oscuridad se diluye por completo, el Sol aparece en el Este y nos muestra nuestro camino hacia casa.

martes, 4 de abril de 2017

El planeta Tierra

Te das cuenta de los años que han pasado ya? De todos los pasos que has dado, y las noches que nos hemos reído de nuestra propia seriedad. Me vuelvo a emocionar, y noto un ligero hormigueo en el estómago. Apago el último cigarrillo que me quedaba, dejando que el humo habite mi entorno durante unos segundos, y se consuma con el resplandor de las luces rojas que brillan en el techo.
Una telaraña escribe algo indescifrable en la pared de mi habitación. Puedo oler mi propio miedo, y sigo un poco alterado debido a las circunstancias que nos han llevado a encerrarnos aquí.
Quería estar solo esta noche, olvidarme del mundo real y vivir de nuevo en mi querido espacio imaginario, pero otra vez apareciste tu. Me pillaste por sorpresa, y me volviste a seducir.
Soplas a mi oreja con suavidad, para que me levante, pero hoy me siento terriblemente perezoso, voy a descansar un poco más, hasta que vuelva a caer la noche, y mutar como un hombre lobo debajo la luna. La oscuridad y la soledad agudizan mis sentidos. Aprendo a guiarme por mis instintos más animales, y dejo de lado la racionalidad humana, que a veces me hace actuar como un ser estúpido y dependiente. Profundizo mi improvisación, y juego al son de las estrellas que cabalgan por las carreteras de esta noche tan especial, en que el silencio le ha ganado la batalla a todas las voces que sonaban detrás de mis orejas.
El viento distrae mi atención, cuando cruza mi camino en busca de un significado. Quiere encontrar algo real y verídico, que no se arrodille delante de la belleza material, y que posea una gran personalidad para sobrevivir en este mundo que ha perdido el sentido.  
De repente me doy cuenta que me estoy moviendo en círculos y que me encuentro dentro de una esfera. Distingo los océanos y los continentes, estoy dentro del Planeta Tierra, y aún no me había dado cuenta. Contemplo su belleza y escucho sus latidos acordes con mi respiración. Avanzo un poco más hasta llegar a la arena de la playa más cercana, me tumbo sobre ella, y deslizo mis manos por la superficie mojada, con mucha cura. Aprecio un gran placer en mi interior, como si alguien también me estuviera acariciando a mí. En este momento veo como el viento se detiene de golpe, y cambia de dirección, viene hacia mí, me rodea y me deja flotando en el espacio, se me acerca con cuidado, y lentamente entra por mi nariz, me relaja tanto que noto como si unos hilos invisibles me conectaran con cada uno de los elementos de la Tierra, puedo comprender el funcionamiento de nuestro planeta, y me siento como una parte de él.   

miércoles, 29 de marzo de 2017

Los campos dorados

Separo todo lo que me persigue, pequeños recuerdos que incomodaban mi mente, arañando el tiempo que guardaba para descansar esta noche en la orilla y esperar la salida del Sol.
Un nuevo día amanece, y las sirenas resuenan de nuevo en el acantilado. Rasgo la pared de mi casa en runas, y la superficie tiembla ligeramente.
Merodeo por la habitación, hasta que termino de recoger todos mis sueños y los empaqueto en una cómoda maleta de viaje.
Mi alma es hoy una incógnita imposible de resolver, una irregularidad incomprensible.
El cielo está oscuro, parece que va a llover, pero no quiero utilizar ningún paraguas. Dejaré que la lluvia, lave mis pecados y prejuicios. Llamo a los ángeles que tendían protegerme, y les pido que hoy me dejen solo, que ya no me asusta morir. Arranco la cola del diablo, y la escondo dentro de mi maleta junto a mis sueños. Esta noche no tengo miedo a perder, quiero ganar, y recordar el sabor de todo lo que he trabajado para llegar aquí, enloquecer de emoción y perder un poco el juicio.

Veo como el fuego arrasa mi ciudad, no deja ningún rastro de todo lo que alguna vez fue. Los llantos de la cultura que se extingue detrás de las llamas rompen mi alma, y me obligan a mirar atrás. Enfrente solo veo un desierto infinito, dónde el calor consume la escasa vegetación de la zona, empiezo a andar, según mi instinto hasta llegar a un pequeño mirador, desde dónde puedo observar toda la extensión del monótono territorio. En el horizonte algo brilla con intensidad, no me quiero dejar engañar por los espejismos, pero sigo la dirección de esta luz. Es un recorrido bastante largo, pero termino llegando al origen de este enorme resplandor. Unos preciosos campos, repletos de trigo, y una pequeña cabaña de paja en el medio. En aquel momento empieza a llover con intensidad. Abro mi maleta y libero a todos los sueños que había encerrado, me pongo la cola del diablo, y empiezo a bailar debajo la lluvia, hasta que esta cesa por completo. La cola ha desaparecido, un majestuoso roble ha nacido en medio de los campos dorados, y las alas de los ángeles se llevan el cuerpo sin vida del pobre demonio al cielo.  

domingo, 19 de marzo de 2017

Un mundo de plastilina

Adam era un amante de la plastilina. Le gustaba tanto que casi podría considerarse una obsesión. Vivía en un mundo utópico y mágico, él creaba todos los personajes. Los moldeaba cada día según su estado de ánimo. Sophie era su querida dama de honor. Con una larga melena rubia y los ojos tristes. Era el prototipo de chica con quien siempre había soñado. Nunca envejecía, y si alguna vez se le caía un pelo, él se lo volvía a colocar con cura en su sitio.
Odiaba su trabajo, pero compró más plastilina para construirse un precioso Mercedes que lo llevaba cada día a la oficina, y así poder sorprender a los cretinos de sus compañeros. No tenía dinero para cambiarse esa horrible corbata que quedaba tan mal combinada con el único traje que tenía, de modo, que la quemó y se pintó una de nueva.
Su casa era fea y pequeña, así que empezó a moldearla con sus manos, hasta que se convirtió en un maravilloso chalet, delante de una playa desierta. Se limpió los restos de plastilina y entró. Todo era tan perfecto dentro.
Tampoco tenía amigos, pero los dibujó. Todos eran personas ejemplares, con una enorme clase. Dignos de admirar. Se sentía tan orgulloso de ellos, que siempre quería que los vieran juntos. Que vida tan miserable tiene el resto del mundo, y que afortunado que soy, pensaba. Nadie le enojaba, ni le decepcionaba, era una persona importante y respetada en su mundo. En cambio los del otro mundo, vivían una vida inestable, vestían esa ropa tan horrible y conducían coches antiguos y pasados de moda. Que desgraciados que son- Decía cuando los veía.

Un día de invierno, se sentía aburrido, y le apetecía bañarse en una enorme piscina climatizada, pero se dio cuenta que aún no había construido ninguna, de forma que salió de su mundo para ir a comprar más plastilina. Entro a la tienda y presenció algo que le cautivó. El vendedor, estaba hablando con uno de sus clientes, su voz transmitía una enorme tranquilidad. Podría haberse pasado todo el día escuchándole. Finalmente se despidieron, y el vendedor le dió un tierno abrazo. La intensidad del saludo fue tan sincera, que una aura envolvió todo el entorno, y Adam pudo sentir la energía que desprendieron los dos amigos. Se quedó tan encantado por aquel gesto, que de vuelta a casa, no podía dejar de pensar en ello. A causa de esto, decidió construir lo que había visto con la plastilina que compró. Se pasó horas y horas intentándolo, pero fue incapaz de conseguirlo, y entristeció, quiso refugiarse en alguno de los elementos de su mundo. Condujo con su precioso Mercedes hasta la playa y observó la puesta de Sol, pero seguía insatisfecho, y visitó a su querida, pero ella tampoco fue capaz de consolarlo. Así que la destruyó, la hizo pedazos. Repitió el mismo gesto con el resto de su mundo de dibujos, pintura y plastilina, hasta que solo quedó una pequeña montaña de residuos de colores, y salió al exterior. Buscó la tienda de plastilina, entró y sin decir nada abrazó al vendedor. Nunca había sentido algo tan real.